Jefa Laboratorio de Planta de Cabo Negro, ENAP-MAGALLANES.
Más de 20 años experiencia
«Una vida dedicada a abrir caminos»
Eliana falleció en 2017, dejando un legado imborrable.
Nací en Punta Arenas el 3 de diciembre de 1926. Desde muy joven fui inquieta, estudiosa y activa. Me gradué con la nota máxima en el Liceo de Niñas Sarah Braun, pero no pude continuar mis estudios en Santiago debido a la distancia y restricciones familiares. Me casé en 1945 y me dediqué por completo a mi familia. No obstante, nunca abandoné mi deseo por aprender: estudié inglés y alemán, y trabajé como secretaria durante varios años.
Cuando mis hijos comenzaron su etapa escolar, sentí que era el momento de retomar mis propios sueños. En 1966 ingresé a la universidad, estudiando Ingeniería de Ejecución en Química con mención en Petroquímica en la Universidad Técnica del Estado, sede Punta Arenas (hoy Universidad de Magallanes). Fue un gran desafío, pero también una de las decisiones más importantes de mi vida. Mi casa se transformó en un centro de estudio para mí y mis compañeros de carrera. Me gradué en cuatro años, sin repetir ningún curso.
Mi mayor desafío llegó después: encontrar trabajo como mujer profesional en el área industrial en los años 70. A pesar de mi excelente desempeño académico, enfrenté una fuerte discriminación por género. No fue fácil. En 1972, la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP-MAGALLANES) me ofreció un puesto en el Laboratorio de Manantiales, trabajando en rol 15×5 en Tierra del Fuego. Así me convertí en la primera mujer profesional trabajando en terreno en esa zona.
Recuerdo con emoción mi trabajo en el proyecto Costa Afuera: volaba en helicóptero a las plataformas petroleras y caminaba por un estrecho puente colgante entre estructuras metálicas para tomar muestras. Fueron tiempos duros, pero llenos de orgullo. Me gané el respeto de mis colegas gracias a mi dedicación y compromiso. Sentí que estaba abriendo un camino que, hasta ese momento, parecía vedado para las mujeres. Ese fue, sin duda, mi mayor logro: ser pionera en un campo donde no había mujeres, y demostrar que con esfuerzo y perseverancia es posible derribar barreras.
Tras jubilarme, seguí perfeccionando mis idiomas y desarrollando cursos de artesanía, combinando ciencia y creatividad en nuevas formas. Mi legado sigue vivo: las Académicas de la Facultad de Ingeniería de la UMAG instauraron el premio «Eliana Hernández Tapia», otorgado cada año a la mejor mujer egresada de ingeniería, destacando liderazgo y compañerismo.
A las mujeres que lean mi historia les diría: nunca renuncien a sus sueños, sin importar cuán difíciles parezcan. Habrá obstáculos, sí, pero la tenacidad y la pasión por lo que una hace son las llaves que abren las puertas del futuro.
Eliana Hernández Tapia falleció en 2017, dejando un legado imborrable.
Ingeniería de Ejecución Química con Mención en Petroquímica.
Industria Petroquímica
Ser la primera mujer profesional asignada a trabajar en terreno en ENAP-MAGALLANES.