Profesora asistente Universidad Autónoma de Chile
15 años de experiencia
La ingeniería llegó a mí temprano, aunque no sabía que así se llamaba. De niña me fascinaban los documentales del espacio y soñaba con viajar fuera de la Tierra. A los 10, mi papá llegó con un telescopio, fue un regalo, pero también una invitación a mirar el cielo y preguntarme cómo funcionaba ese aparato, cómo construir uno.
Vengo de una familia tradicional. Mi mamá se dedicó a criarnos, un trabajo invisible pero enorme, y mi papá, aunque de ideas clásicas, siempre me impulsó a estudiar.
Estudié en un colegio subvencionado, donde la universidad no era una meta obvia, pero ingresé a Ingeniería Física en la USACH. Al principio fue difícil, era una de las pocas mujeres y me sentía en desventaja, no solo por el hecho de pertenecer a una minoría sino por la brecha académica que tenía con mis pares. Aun así, persistí.
Con el tiempo, otras áreas comenzaron a fascinarme. Así llegué a la ciencia de materiales, trabajando en el laboratorio de física no lineal. Las estrellas quedaban atrás, como un recuerdo.
En los últimos años de carrera, quedé embarazada. No fue un obstáculo, sino parte del camino. Terminé mi carrera con mi hijo en brazos y seguí con un Doctorado en Física, especializándome en el estudio del ADN y su relación entre estructura y función.
Estirar una molécula parecía una locura!, pero lo logramos. Realicé una pasantía en la Universidad de California Berkeley, aprendiendo a usar la técnica de pinzas magnéticas, logrando implementar esta tecnología en Chile. Diseñamos también tecnología propia, logrando incluso una patente de invención.
Hoy soy académica en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de Chile. Enseñar me llevó a repensar cómo formar a quienes resolverán los problemas del mañana.
Estos últimos años, además de las biomoléculas, he desarrollado proyectos de ciencia ciudadana, convencida de que conectar la disciplina con la sociedad es crucial, no tan solo para resolver problemas reales y desde el territorio, sino para involucrar en ellos a las y los estudiantes que se están formando para dar respuesta a problemáticas cada vez más complejas.
Acercar la ingeniería a escolares, especialmente a niñas, ha sido también una prioridad. La comunicación científica y tecnológica no puede quedarse solo en papers o patentes, debe llegar a las personas, inspirarlas y abrirles caminos. A través de los grupos CERE y GIARI, hemos realizado talleres y eventos, donde estudiantes escolares y miembros de la comunidad universitaria se encuentran. En estas actividades, no solo exploramos la ingeniería y la tecnología de forma práctica y lúdica, sino que también construimos referentes, generamos comunidad y sembramos la curiosidad desde edades tempranas.
Ser madre de dos hijos, ingeniera y académica no ha sido fácil, pero sí he disfrutado inmensamente cada etapa. A las niñas y mujeres que leen esta reseña, les quiero decir que no hay sueños pequeños ni imposibles. Los intereses cambian, nosotras también, pero nunca dejes que nadie (ni siquiera tú misma) te detenga. Y tengan por seguro que quienes hoy estamos en este lugar, estamos trabajando arduamente para que el camino que les toque recorrer no sea tan pedregoso.
Ingeniera física, mención ciencia de los materiales. Dra. En Ciencias con mención física
Educación /formación de ingenieras/os
Llevar la tecnología desde el laboratorio al territorio, con soluciones de bajo costo y alto impacto.